Quil Ateara (quiil) wrote in stillhungryrpg,
Quil Ateara
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Cosas que sólo se encuentran en Forks...

...o en cualquier ciudad o pueblo normal del país. Pues, en La Push precisamente no es muy fácil encontrar regalos originales para una mujer adulta, en este caso, la madre de Quil. Entonces, al chico no se le ocurrió la mejor idea que ir en busca de algo sencillo, pero un poco más fuera de lo común de lo que se puede encontrar en la reserva. Mucho menos pensaba en algo hecho a mano, como habrían de ser casi todos los presentes anteriores. Sabemos todos muy bien, inclusive él, que ese tipo de regalos tan tradicionales son los favoritos de las madres pero... ¡Vamos! Quil ya no tiene doce años para andar regalando conchas marinas pegadas a trozos de madera, o cartones con corazones rosados y la palabra 'MAMÁ' en medio. Por lo menos fue esa la mentalidad que lo llevó a pedir ser llevado hasta el pueblo, mientras caminaba a un lado de la carretera. No pretendía andar a pie todos los kilómetros que lo llevarían hasta allá, aunque si no pasaba ningún conductor compasivo con buen alma, terminaría por caminarlos.
Por suerte: todavía había gente con corazón generoso en el mundo, y fue llevado sin muchos problemas hasta Forks. Allí, bajó a tropezones del automóvil, que apestaba a humo de cigarrillo, frente a una especie de Wal-Mart minimalista. No estaba acostumbrado a hacer esos paseos solo, mucho menos ir de compras sin compañía. No es que fuera una niñita, pero desde que... -ARGH. No lo pienses-, se había encontrado enfrentando al mundo sin muchos amigos.
-Lociones, desodorantes, peinetas, ¿qué les gusta a las madres?-, duh. Creo que necesitará algo de ayuda, especialmente porque miraba levemente atolondrado de un lugar hacia otro, en un pasillo lleno de paquetes rosados con forma cuadrada... , idiota. Piensa en obsequiarle de esas cosillas personales a tu madre y muere; especialmente al momento de pagar. Cabe destacar que un chiquillo metido en aquellos precisos lugares de las tiendas llaman, levemente, la atención de la morbosa gente que pasa de un lado a otro.

((Cualquier día de la semana durante la tarde. Libre, já.))
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((viernes cerca de las 6 de la tarde))

Al parecer Charlie estaba muy hambriento últimamente y no lo satisfacia con la comida que ella preparaba, o simplemente no había sacado bien las cuentas acerca de cuanto tiempo le durarían los víveres. Pero ahora su casa estaba en escasez de comida e incluso de implementos personales como shampoo, entre otras cosas. No quedaba otra alternativa de ir inmediatamente hasta la tienda más cercana (la única en Forks...).
Llegó al lugar sin ningún inconveniente. Al entrar, tomó un carrito pensando hasta en llevar dos por todas las cosas que tendría que comprar. Pero seamos realistas, no existe tanta variedad de mercadería para llenar dos carros, es sólo un pequeño pueblo. Se dirigió por algunos pasillos, echando esto y aquello. "Veamos...arroz, tallarines, salsa, legumbres..." contó mirando el carro.
((¡YAY! Bella me está estrenando *baila* (?) ))
Si Forks era un pueblo muy pequeños, entonces, ¿dónde quedaba la pobre La Push? Yo opino, que dentro del ámbito de las aldeas que siquiera aparecen en los mapas. O que, por lo menos, aparecen en los mapas más importantes y sólo del estado. Por lo menos, allá, podían comprar las cosas necesarias para la subsistencia básica: comida y ropa, quizás un poco de entretención... OK, casi nada de entretención.
Se acercó a uno de esos envases rosados con dibujos que, en realidad, no entendía del todo. Lo que sí sabía, es que parecía hacer a las mujeres muy felices: cualquier rostro que aparecía en las bolsitas eran de personas extremadamente felices y satisfechas.
¿Acaso nadie le ha hablado acerca de la semillita que se planta en el macetero...? Sí, pero sin detalles.
Publicidad engañosa...maldita publicadad machista,¿no ven que ni la mitad de esos productos lo menos que hacen es feliz a las mujeres? Su único efecto es recordar tu espeluznante realidad de ser mujer y todo lo que eso conlleva. Y porque tenga una o miles de caras radiantes de felicidad, no cambiará el hecho de lo qué es y para qué sirve. Nada agradable. Pero Quil o cualquier otro hombre en este mundo no se lo podrá imaginar nunca. Así que, por esa razón, Quil debería estar muy agradecido que una mujer conocida justamente pasaba por ese pasillo para ayudarlo a no terminar comprando una crema anti-hongos a su madre.
Bella al pasar por el sector de accesorios femeninos, no pudo dejar de extrañarse al ver a un chico tan concentrado examinando esos productos. Se detuvo y lo quedó mirando.
O esas cremas antiarrugas que ya no venden en la mayoría de los estados del país, pero que por ser un pueblo tan lejano como Forks, todavía estaban al servicio del cliente a pesar de provocar cáncer a la piel. No es que quisiera llevar algo lejano y extraño a su madre, lo único que deseaba es que aquel regalo fuera, más que cualquier otra cosa, una sorpresa, y no algo tan predecible como una estrella de mar disecada. O un gran pescado, para obligarla a cocinarlo (cosa que la mayoría de las mujeres lo tomaría como el presente más machista del mundo... menos Irene Ateara, JÁA).
Tomó un tubo de crema, bastante pesado y duro como para tratarse de pasta de dientes, que le llamó la atención; pero decidió regresarlo a su lugar, considerando que no parecía tener un uso muy eficiente. Luego perdió su vista en la gran cantidad de colonias y perfumes distintos, aunque en cualquier otra parte del mundo podría ser considerado como un rincón muy pequeño pasa tratarse de un rubro tan importante como ese.
Algo en ese chico le resultaba tan familiar. Pero la vista de perfil y algo lejana que tenía no le ayudaba a decifrar quien era, por lo que se acercó un poco más a él. "¿Quil?" preguntó al reconocerlo. Había avanzado hasta él dejándo el carro con las compras detrás de ella. Le parecía tan extraño encontrarse con un habitante de La Push en este lugar y más frente a la sección femenina. No es que no creyera que la gente de esos lados no salían de compras...pero quizás aún le parecían un poco salvajes como para hacer actividades tan cotidianas y humanas.
¡SALVAJES! Quizás Bella, incluso, cree que no existen mujeres en La Push y los quileutes nacen a partir de raíces de árboles. O de lobas, que es una muy buena opción pero... ew, ¿cómo las fertilizarían en ese caso? ASCO ASCO ASCO. Mejor no pensar en ello y volver a la situación que estos dos están viviendo, en un lugar tan civilizado como la tienda más grande de Forks.
Quil pasó a empujar, sin intenciones, la estantería de los desodorantes. Como por efecto dominó, desde el fondo hacia delante, comenzaron a caer hacia delante, terminando por botar el primero de tapa rosada al piso. Aún así, logró escuchar la voz que lo reconoció. "¿Eh?", habló, sin prestarle mucha atención, ocupado ahora en el piso recogiendo la gracia.
Bella no quisiera imaginar eso, en ningún caso. Es sólo que al parecer esas mujeres no le habían enseñado que se les debe de regalar y lo que no, dejando de lado los obsequios manuales que ellos tanto se caracterizan y son tan buenos para hacer.
Se agachó para ayudar a recoger unos pocos frascos que habían rebotado en la otra esquina y luego los puso en su lugar. "Hola Quil" lo saludó aún sabiendo que no la había visto realmente cuando lo llamó por primera vez. Ya no tenía dudas que ese era el nombre del chico.
((PERDÓN PERDÓN PERDÓN por la demoraaaaaaa))
Es que, seguramente, su madre se había dedicado a hablar bien de todos y cada uno de los regalos manuales que Quil le había fabricado, de modo que nunca había tenido tiempo para explicarle que existían otros tipos de regalos, como también ciertos accesorios que no son buenos obsequios.
Claramente reconoció a la joven, se le hizo bastante fácil, así que le sonrió ampliamente. "¡Hola, Bella!", saludó de forma entusiasta. Quizás demasiado entusiasta como para tratarse de un simple encuentro en aquella tienda de Forks. De todos modos, creía bastante complicado el poder encontrar a algún conocido en ese pueblo; toda su vida social se remontaba a La Push y sus alrededores. "¿Qué tal?", preguntó, terminando de ordenar el desastre que había provocado.
Bueno, son culturas diferentes. A Bella su madre jamás le enseñó a ser nada manual y que siempre era mejor comprar algo antes que terminara sin un dedo o creara alguna bomba atómica en forma de corazón que destruiría el mundo...esa mala suerte, es muy peligrosa de manejar.
Se rió ante la reacción del chico. "Hola Quil." lo saludó devolviéndole la sonrisa. " Todo muy bien. ¿Te han agredido esos desodorantes?"